Una caja, muchas vidas

caja recuerdosMe encantan las antigüedades. Ellas también cuentan historias.

Lo que sueles encontrar son mercadillos en los que te venden “cosas” que la gente ya no quiere y de las que se desprende, pero que para otras personas son grandes tesoros. Luego también puedes encontrar tiendas especializadas en estas “cosas” antiguas o ferias donde se engloba un poco de todo.

Esto que os voy a contar ocurrió en esta última. Todos los años, y siempre que puedo, me acerco a una feria de antigüedades que se celebra cerca del lugar donde resido. Me pierdo allí durante un tiempo, viendo todas las cosas que me llevan a un pasado. A veces, simplemente me trasladan a mi adolescencia; otras, a mi infancia. Pero también hay momentos en los que me transportan a lugares y épocas que no he conocido ni conoceré, pero que intento comprender.

En esta ocasión, os voy a contar mi experiencia en esa feria de antigüedades.

Estaba dando mi paseo cuando vi una caja metálica antigua. Al abrirla, descubrí que estaba llena de fotos en blanco y negro. En un primer momento me impactó, ya que eran montones de recuerdos metidos en una caja. Le pregunté al dueño del puesto y me dijo que se vendía todo junto. Le asentí, me aparté a un lado y comencé a mirar con más calma aquella caja y sus fotografías.

Al principio me sentía un poco mal, porque era como si estuviese entrando en la casa de alguien y viendo sus fotos sin su permiso. Pero al ver la antigüedad de las imágenes pensé que tampoco estaba haciendo ningún daño, así que seguí ojeándolas.

Eran fotos bastante antiguas. Algunas mostraban a familias posando con las típicas vestimentas de los años 30. Variaban en tamaño; algunas tenían los bordes con formas decorativas, una incluso era del tamaño de mi dedo meñique. Otras llevaban por detrás el sello del fotógrafo que había hecho la imagen, así que también se podía saber el lugar donde fueron tomadas.

Había distintas poses, y algunas quizás no tan cuidadas, pero con una elegancia que tal vez ahora no tengamos tan innata. La verdad, por unos instantes sentí que me adentraba en aquel mundo, en muchas historias.

Me invadió una sensación de tristeza al pensar cómo habrían llegado todas aquellas fotografías hasta allí. ¿Qué historias se habrían quedado sin contar? ¿Qué caminos tomaron para acabar metidas en una caja de metal, en una feria, lejos —quizás— de quienes un día las guardaron con cariño?

Me quedé un rato más frente a ellas, hojeándolas con cuidado. Pero, aunque por un instante sentí el impulso de llevarlas conmigo, decidí que en esta ocasión prefería no formar parte de esa historia. Cerré la caja con suavidad, como si al hacerlo estuviera devolviendo a esas imágenes un poco de su intimidad.

La dejé allí, con la esperanza de que algún día alguien pase por ese mismo lugar, abra la caja, y entre esas fotos encuentre a alguien que le resulte familiar. Tal vez un rostro que llevaba tiempo buscando, una conexión que parecía perdida. Quién sabe… quizá alguien, sin esperarlo, recupere una parte de su historia.

No sé qué historias hay detrás de aquellas fotos, ni cómo acabaron allí, en esa caja. Quizás haya muchas razones. Pero lo bonito, lo verdaderamente valioso, es que esos recuerdos, de alguna manera, siguen aquí. Han sobrevivido al paso del tiempo.

¿Te has parado alguna vez frente a un objeto antiguo y has sentido que guarda una historia esperando ser contada? A veces, incluso sin conocer a quienes aparecen en una foto, algo en ella nos conmueve. ¿Te ha pasado algo así alguna vez?

 

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